Itinerarios de supervivencia en la educación española #Díamundialdeldocente #Trabajodecente

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Modo supervivencia en Minecraft

“Vivir por encima de nuestras posibilidades”, como bien saben las lectoras y las cantautoras, fue una etiqueta proyectada contra quienes, de acuerdo con la ley de la calle, debían sobrevivir por debajo del nivel de flotación: trabajadoras precarias y mal pagadas, deslocalizadas, nómadas, migrantes, familias desahuciadas, gente sin patria, patrias sin gente.

Por lo que respecta al mundo educativo, el sambenito no se refiere solamente a un tercio sociodemográfico, sino al entero sistema de educación pública, al que los gestores económicos todavía acusan de derrochar caudales en excursiones, profesorado excedentario y escuelas 2.0 (no digamos la 4.0, cuando exista), a pesar de que muchos docentes concretos soportan ratios imposibles y los medios digitales hace tiempo que pasaron la fecha de caducidad; es decir, se consumen en mal estado.

Mi experiencia biográfica como educador y docente está asociada al compromiso con personas y grupos sociales en situación de riesgo y con la defensa de causas que nunca debieron perderse, puesto que afectan al conjunto de la sociedad y aun del planeta, de acuerdo con el globlocalismo que ha orientado la práctica de mi generación: la pobreza no deseada en un mundo de abundancia, el feminismo vilipendiado en un entorno que reconoce formalmente la igualdad, la inmigración vituperada en una comunidad internacional que protege el derecho a la libre circulación (y a la vida), la discriminación étnica y el racismo en sociedades multiculturales, la destrucción de entornos naturales en el único planeta humano, las paces en las guerras.

He participado en el desarrollo de lo que llamábamos “el tercer sector” de acción social a lo largo de los años noventa, como cooperante, y durante la década de la burbuja económica en nuestro país, como ex cooperante. La situación de precariedad que se ha convertido en emblema de una nueva clase social, como resultado de la crisis económica, se padeció con mucha antelación, tanto entre quienes eran apartados de la mesa común, como quienes dedicaban su trabajo a la lucha por la inclusión y por la cohesión social, también en el ámbito educativo.

Aunque lo parezca, no soy nada original: como otras tantas personas, fui becario sin seguridad social durante un lustro; cooperante sin sueldo durante siete años; voluntario social ampliando estudios durante otros siete; doctor cum laude y enciclopedista sin plaza con tres carreras, dos especializaciones (afortunadamente, no se me ocurrió hacer un máster) y dos hijos a la edad de 42, hasta que, contra toda lógica, aprobé las oposiciones para docente de secundaria en Andalucía el año 2010. Desde entonces he pasado por ocho centros educativos, a razón de uno por año, a semejanza de los docentes interinos, aunque con ciertas ventajas por el hecho de ser funcionario de carrera. Antes que profesional de la educación, me considero un simple 4L (Loco por la vida y el Life Long Learning): superviviente de los desastres que aquejan, siempre en primer lugar, a los expulsados del paraíso, sea analógico o sea digital. Para el caso es lo mismo.

En consecuencia, no puedo verificar ni creer que la precariedad y el precariado sean un fenómeno coyuntural de la última década. Tampoco el sistema educativo se ha resentido solamente por el efecto de la LOMCE y los recortes impuestos, aunque hayan actuado como ariete contra el barco de la educación pública, que había mejorado lo suficiente para cuestionar la vigencia de la educación concertada; quizá precisamente por eso. Sin embargo, la marea de fondo siguen siendo los dos añejos antimodelos de escuela: burocrática y patrimonial, que todavía impiden la creación de comunidades de aprendizaje autónomas y sostenibles, en relación de ósmosis y colaboración con los demás agentes de la ciudad educadora.

En cuanto al antimodelo burocrático

Llevamos años discutiendo acerca del sistema de formación inicial, selección, evaluación y formación permanente del profesorado. Aunque se han manejado muchas cifras, pongo el énfasis sobre varios datos: el altísimo porcentaje de profesorado interino en la educación no universitaria (tantos como asociados en la universitaria), una media de edad bastante elevada, todavía más en el sistema público, aunque no tanto como en Italia o Alemania; así como el contraste entre la proporción bruta de docentes y alumnado y las ratios reales profesor-a/alumnado en las aulas (Informe español OCDE, pp. 55-58).

El cruce de datos dibuja un perfil inquietante y realista de los centros educativos: aunque la media de edad sea algo menor en la enseñanza concertada, como consecuencia de los terribles recortes del anterior gobierno en perjuicio de la pública, lo más importante, desde mi humilde punto de vista, es que la organización escolar estándar siga basada en la explotación del profesorado interino y la dedicación de una parte exagerada de los recursos humanos con mayor edad y experiencia a tareas burocráticas: no solo a responsabilidades de dirección y liderazgo pedagógico, sino todavía más a cuestiones puramente administrativas, debido a la proliferación de departamentos académicos, junto a planes y proyectos unipersonales, que fabrican toneladas de papel o TB, en detrimento del tiempo y el trabajo que podría dedicarse a la coordinación educativa (equipos docentes, proyectos interdisciplinares, comunidad de aprendizaje, investigación y práctica reflexiva, programación en equipo*) y a la formación del profesorado en los centros, en virtud de las necesidades de un auténtico proyecto educativo.

Incluso un área de actuación tan característica y relevante como las tutorías queda marginada, al igual que la formación y la coordinación, a la zona de sombra donde un docente solitario se enfrenta con su destino, en vez de situarse en el centro más luminoso del horario laboral y de la cooperación entre todas las agencias educadoras: alumnado, docentes (en equipo), familias, pero también el municipio y las organizaciones con fines sociales.

Si tiene sentido invertir recursos, espacios y tiempos en la digitalización de los centros educativos, como sigo creyendo después de varias décadas soportando las consecuencias de la obsolescencia tecnológica, será en la medida que sustituya la burocracia en papel o en PDF por la comunicación sobre el aprendizaje en forma de portafolios para la vida, que valga la pena crear, leer/ver y comentar, en virtud de su servicio personalizado y colectivo al aprendizaje.

En cuanto al antimodelo patrimonial

El supuesto de que las condiciones para una organización escolar racional sean mejores en un centro concertado que en la enseñanza pública no ha pasado de ser una entelequia o una añagaza ideológica, que tropieza con la experiencia sufrida. Cierto que la continuidad del profesorado en una empresa depende por completo de la voluntad del contratante, el cual ejerce una presión inolvidable para las trabajadoras y los trabajadores contratados. La exportación del modelo empresarial de dirección desde la enseñanza privada a la pública se ha basado en ese tipo de prejuicios, que se extienden al ámbito de la convivencia.

Sin embargo, la configuración supuestamente racional de los recursos humanos en una escuela bajo el principio de jerarquía y obediencia no se aplica, según informa la Historia de la educación, a los propios jerarcas. Es fácil confundir el trabajo en equipo con la cadena de mando y la comunidad de aprendizaje con una relación clientelar.

Hay que valorar positivamente que se demande a las escuelas del modelo patrimonial una transición desde el ideario particular del centro hacia el desarrollo de competencias evaluables, como el pensamiento crítico; así como una dirección basada en compartir el liderazgo, lo mismo que se pide a las empresas, de modo que no se devoren a sí mismas. Sin embargo, no creo que sea suficiente para garantizar la autonomía de los centros educativos, su pluralidad interna, ni su apertura a la realidad social.

Los modelos empresariales de educación no garantizan el éxito del alumnado, ni mucho menos su inclusión educativa, como tampoco que el profesorado mejore sus competencias profesionales. De otro modo, no habría crisis económicas, ni corrupción entre las élites, ni exclusión del alumnado por razones sociales, ni mobbing contra las innovaciones que implican un cambio de modelo para que sea más acorde con la finalidad y los objetivos de la educación: el desarrollo de las libertades en forma de capacidades.

Tanto el modelo burocrático como el patrimonial producen un déficit educativo, que no se traduce solamente en el fracaso de una parte del alumnado, sino que atañe a la formación de las capacidades de una generación para vivir en democracia y ser personas competentes en todos los órdenes de vida social, incluido el económico. Ambos antimodelos consideran un problema el mero hecho de iniciar al alumnado en la resolución de problemas. Su persistencia en el tiempo, a pesar de las sucesivas reformas pedagógicas desde hace décadas, quizá se explique por su tendencia sistémica a la autorreproducción, junto con una lista de contenidos encapsulados. Uno y otro coinciden en eludir con pretextos académicos el desafío de la inclusión.

Más que supervivientes: creativos

La organización actual del sistema tampoco ha impedido que haya supervivientes: personas, redes de aprendizaje docente, centros educativos de referencia que garantizan, al mismo tiempo, la inclusión y la innovación constantes, de acuerdo con proyectos educativos sólidos que contemplan planes de formación y de evaluación interconectados, en el marco de una comunidad de práctica y aprendizaje.

Como escribo desde Andalucía, para desmontar los tópicos sobre la superioridad nórdica, me referiré a algunos que conozco de primera mano en este ancho territorio que he recorrido de este a oeste: CEIP Clara CampoamorIES Las Lagunas, CEI PinolivoIES CartimaCEIP AtalayaIES Ítaca, CEIP AndalucíaIES Chaves Nogales,  CEIP San Walabonso. Se pueden visibilizar otras muchas (las 120 y tantas experiencias que por ahora han cabido) por todo el Estado plurinacional de España en el blog Escuelas en Red.

La pregunta clave quizá sea: ¿cómo podríamos pasar de la supervivencia en condiciones difíciles (extremas durante la crisis) a un nuevo modelo generativo que se base en las referencias de éxito y en su adaptación a distintas configuraciones sociales, comenzando por los centros de atención preferente o de compensatoria?

La respuesta no será individual ni corporativa, ni tampoco fruto de un informe de coste multimillonario a cargo de un think tank. Entiendo que hay caminos transitables para la inteligencia colectiva, gracias a la resistencia y la resiliencia de la comunidad de educadores y educandos (todas y todos aprendices) en una sociedad abierta; frente a los recortes y a la LOMCE, bajo el peso de la burocracia y la concepción patrimonial de la educación, a pesar de las múltiples formas de exclusión y censura que hemos padecido cuando pretendíamos difundir las utopías realizadas o extender los puntos de esperanza en el mapa. Habrá que seguir tejiendo las “Redes por una nueva política educativa” hasta nueva ley.

Sobre todo, tendremos que pasar del “modo supervivencia” al “modo creativo” y cooperativo. Aún lo digo con temor.

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* “Programación en equipo”: Dícese de la que crea y reutiliza materiales curriculares con medios digitales de producción. Distínguese de la preprogramación completa en libro de texto.

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joaquineku

Profesor de Lengua y Literatura en la Junta de Andalucía. Investigador sobre el aprendizaje narrado (Storylearning, Storytelling). Experto en educación expandida (ABP, ABJ, medios sociales). Doctor en Literatura Comparada y colaborador de la Universidad de Sevilla en la revitalización de lenguas amenazadas.

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