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Otra oportunidad histórica

Durante la anterior temporada tuve la suerte de enseñar en el IES Hipatia, coordinar el Plan de Igualdad del centro y participar en el regreso del movimiento feminista a las aulas. Desearía saber cómo lo habéis vivido vosotras y vosotros.

Seguro que muchas personas más, entre las miles que nos dedicamos a la docencia, se han sentido interpeladas por una ocasión histórica. ¿Cómo es posible, tras décadas de activismo y didáctica, que todavía no hayamos transformado el currículum para que la memoria y la actualidad de las mujeres se haga tan visible como la de los varones en todas las ciencias, pero especialmente en las ciencias humanas y sociales, en las literaturas y en las artes?

Mientras leía y releía durante este verano, entre el caudal inmenso de las mujeres representantes y representadas en la literatura de la Edad Moderna y Contemporánea, tal y como les había incitado a hacer, a cuentagotas, a los estudiantes de mis grupos de 3º y 4º ESO, iba recordando otras oleadas que me alcanzaron a lo largo de mi/nuestra historia de aprendizaje en democracia.

Las mujeres emancipadas por sí mismas, todavía bajo tutela

La primera que puedo recordar coincide nebulosamente con la muerte del dictador, aun cuando haya reconstruido el contexto con la ayuda de textos de Montserrat Roig o Maruja Torres. Las protagonistas de aquel periodo fueron mi propia hermana y mis primas emancipadas, quienes vivieron en carne propia las contradicciones de la época. La literatura escrita por mujeres corrobora que los hombres no asumieron la perspectiva de género, sino que contemplaron la eclosión del feminismo con distancia estratégica: una mezcla de temor, perplejidad y mistificación del amor libre, hasta rebajarlo a la categoría de cuerpos disponibles. La película de Carlos Saura Cría cuervos (1975) o una novela reciente de Elia Barceló, El color del silencio (2017), acercan a las generaciones actuales la trama de violencia que se escondía detrás de los ojos brillantes del Tigre, una especie de monstruo de disfraz hippy-franquista en los últimos años de la dictadura y los primeros de la democracia hasta el 23-F.

Mujeres legisladoras

Desde los años 80 hasta tiempos muy recientes, que me ha tocado vivir con cierta madurez, entre idas y venidas de la conciencia, el feminismo ha luchado por la igualdad en las instituciones democráticas, en las leyes y en los espacios públicos. Fue lo que aprendí con Juana Serna, mi profesora del Instituto, filósofa y diputada, más tarde senadora; pero, sobre todo, acompañando (bien, regular o mal), la existencia libre de las mujeres de mi edad que han conquistado la voz, se han representado a sí mismas sin falsos pudores y han ejercido sus derechos como trabajadoras, profesionales, solteras, casadas, divorciadas, madres a su aire, heterosexuales o lesbianas.

El currículum tiene cara

Probablemente sea la educación la esfera social donde los cambios legislados se han hecho realidad en mayor medida, lo que ya había ocurrido durante la brevísima República española. Sin embargo, el currículum escolar no parece haberse enterado de los cuarenta años de democracia (véase este informe), como si las maestras republicanas, las que enseñaron a Josefina Molina,  no hubieran vuelto del exilio: interior o exterior; como si hubieran vuelto solamente para seguir enseñando lo que los hombres habían hecho por ellas; los grandes prohombres que dominan el canon y las academias, la Historia de la Historia (la historiografía) y de las ciencias.

El último caso de afrenta académica tuvo como protagonista a Rosa Montero, a quien he leído y de quien he aprendido mucho o muchísimo desde que tenía catorce años. No obstante, las causas de esa obstinación en tachar el género femenino se encuentran en los propios libros de texto y, por qué no decirlo, en nuestra falta de criterio propio para discernir lo valioso, más allá de una lista (previamente filtrada) de “clásicos”, y de tal manera enriquecer el canon. Ahora bien, los clásicos que merecen memoria necesitan mantenerse vigentes en el siglo XXI; mientras que otras obras y personas borradas por la ideología, como les ocurrió a los exiliados y a las exiliadas, adquieren nuevo valor a nuestros ojos.

Se enseña el Quijote, pero no se habla de las mujeres representadas por Cervantes, como si fueran personajes fantásticos, ni tampoco de Juana Inés de la Cruz o María de Zayas. Se cuenta o se lee La Regenta pero apenas se nombra a Emilia Pardo Bazán o se ignora a Rosario de Acuña. Se elogia a la generación del 98 sin citar siquiera a la escritora e ideóloga Carmen de Burgos, quien fue, junto con Antonio Machado, la más coherente y  fiel a la causa republicana. Se celebra a los jóvenes de la Generación del 27 que inventaron una República democrática y social, pero apenas comienza a recordarse a las creadoras Sinsombrero.

Ese proceso de borrado y olvido no afecta solamente a nuestra relación con las grandes clásicas, sino incluso a las mujeres creadoras de narrativas digitales artísticas (videojuegos) en tiempo presente, junto a otros creadores independientes que subyacen al malestream. ¿Por qué será? ¿Nadie se lo pregunta? Sí, claro que sí.

Uno de los factores para interesar a los jóvenes estudiantes en su proceso de aprendizaje consiste en emocionarlos descubriendo lo que subyacía, lo que se había reprimido en el inconsciente colectivo, pero no deja de pedir salida a la conciencia. Es un hecho neurológico, además de una constante característica de la modernidad y de la nueva pedagogía, que ya cumple más de un siglo. “Estamos vivas”, nos dicen todas esas voces.

 

La modernidad en clave de género

Cierto que las mejores autoras de la posguerra y la democracia son insoslayables, pero, aun así, se las deja de lado junto con los varones, a causa de otro fenómeno, que afecta a la educación literaria en secundaria. Se lee muy poco en las aulas a Carmen Laforet o a Ana María Matute, por ejemplo.

Después de lo antedicho, no extraña que el canon tradicional haya sido extensa e intensamente subvertido por la literatura juvenil, en la que abundan las escritoras brillantes y las historias de aprendizaje personal.

Sin embargo, no deberíamos renunciar a un proceso de aprendizaje colectivo que consiste en la emancipación real de las mujeres y en la conquista de la igualdad entre géneros, clases y etnias, a lo largo de cinco siglos. Podemos llamarlo de un modo u otro: el proyecto del Humanismo, de la Ilustración, de la liberación. Es lo mismo. Sin una educación ilustrada se empantana la esperanza en que los sistemas sigan cambiando, precisamente porque se denuncian y se hacen visibles las regresiones hacia la desigualdad, pero se pierde el hilo y la trama de una Historia de historias que la educación tiene el deber y el placer de rescatar.

Así pues, está en juego la transmisión de la memoria y la continuación de la modernidad, cuya corriente de fondo más potente y vigente es, en el siglo XXI, el feminismo. Frente a la regresión hacia el patriarcado, el etnocentrismo y el clasismo, es tiempo de que el feminismo regrese de sus exilios, conquistando la memoria.

¿No es justo? Y será más atrayente si se utilizan métodos activos y participativos.

Recursos para aprender con perspectiva de género

Me he pasado el verano perfeccionando las herramientas que elaboré durante el curso finalizado, con la intención de usarlas en el que acabamos de iniciar, aunque fuera un centro distinto. Os invito a hacerlas vuestras al modo en que os convenga.

1. Don Quijote en la era de los videojuegos.

o “La burla feminista de los mitos violentos” (contra el género mujer).

Nuestra guía para confrontar las patrañas de la fantasía caballeresca, además del propio Cervantes, han sido las jóvenes creadoras, investigadoras o, simplemente, gamers, que han analizado la retórica machista y patriarcal de los videojuegos fabricados excluyentemente para el gusto de varones con las hormonas disparadas y disparando. ¿Es que no se puede hacer algo mejor?

Por supuesto, que se puede y se ha hecho, solo que todavía no es suficientemente visible, como la autoría femenina en general.

 

 

2. Aprender con las mujeres: la Literatura Contemporánea en clave de género.

(o “Además de nombrarlas, léelas”).

Para narrar una Historia de emancipación con protagonista femenina, habrá que conocerla mucho mejor.

Voy a incluir ambos proyectos en el escritorio del Barco del Exilio (y el regreso) @exilioyregreso durante este curso. Como cada año, os animo a embarcaros y a seguir la singladura que planeéis con vuestros propios mapas e itinerarios; y, eso sí, a compartir solidariamente vuestros/nuestros aprendizajes con el alumnado.

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