El exilio no es una historia admirable y lejana

1. La gravedad de la memoria.

Probablemente conozcáis la paradoja del Angelus Novus, narrada por Walter Benjamin: una alegoría del humano revolucionario, quien se vuelve, de vez en cuando, a contemplar la ruina de la Historia pasada, mientras huye hacia adelante sin poder detenerse. A mí me parece un escorzo romántico por antonomasia, como el gesto de Schiller cuando imagina la diferencia fundamental entre la poesía ingenua de la Antigüedad, sumida en el mundo de la belleza inconsciente, y la poesía sentimental, que ha perdido su mundo y tiene que fabricarlo con una forma ideal y un sentimiento de lo sublime. Sería tentador atribuir tales impulsos a los humanos exiliados, en vez de, sencillamente, a las personas de cualquier índole.

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Angelus novus, de Paul Klee, que inspiró el mito de Walter Benjamin.

Un siglo después, ya hemos descubierto que el vuelo del Old Angel no se movía hacia adelante, sino que giraba dando círculos cada vez con menor radio, cada vez más rápido. Estaba poseído por la sinrazón del progreso que acelera el ritmo de su caída, dando vueltas alrededor de una gravedad infinita, hasta caer en su fondo: el agujero negro del dinero y del poder como una especie de absoluto sin espíritu.

La solución no puede estar en un cambio de coordenadas o en un retorno a los raíles del progreso concebido de forma lineal, infinita y superficial, que niega la existencia de la gravedad. Había que recuperar la memoria perdida en tantos traumas. Había que dejar de comportarse como marionetas del inconsciente personal y colectivo, con el justo propósito de vivir más libres. Pero las soluciones no residen en fórmulas sobre lo pasado: un paquete de misterios desenterrados; como tampoco en las matemáticas sobre lo futuro: las leyes de la probabilidad.

Asumir la memoria es indispensable para dejar de dar círculos con un ojo virado hacia lo inconsciente y el otro perdido por la falta de perspectiva que conlleva dar vueltas y vueltas y más vueltas. De similar modo a como se transmite la memoria, también se comunica el olvido de una generación a otra. Cuanto más pronto olvidamos, más rápido volvemos a toparnos con el mismo horror, más cerca sentimos la oscuridad mortal de la irracionalidad. En términos puramente físicos, se repite el ciclo sistémico de forma impersonal: ni bella, ni sublime.

En cierta y distinta medida, los seres que mejor saben adonde van son, precisamente, los exiliados de la Historia. No solo huyen de la ruina que dejaron atrás, sino que se han inmunizado contra los cantos de sirena que pretenden atraernos al mismo centro, a la misma guerra o el mismo tabú violento, a la misma hambruna y a la misma catástrofe climática, como si nada hubiera pasado. Su memoria es también nuestra, si la hemos compartido desde el principio. Si no, ya está siendo hora.

2. Una historia sin exilios.

Aprender y enseñar sobre los exilios no es la historia de un desencanto, sino una lucha agónica contra el encantamiento infeliz que no termina de romperse. Queremos fortalecer a quienes padecen el destierro. Admiramos sus maneras de vivir. Nos estremece su épica y nos horrorizan sus tragedias: sus maneras de morir. Pero no basta.

Deseamos acabar con los exilios y sus causas. Según el ACNUR, afecta a 70 millones de personas. Si se incluye, como debe ser, a buena parte de los migrantes que no se dedican al turismo, ni a la exploración/explotación de nuevos dominios, los cálculos aumentan hasta 250 millones: “solo el 3’3% de la población”. Nada hay más urgente en este mundo, salvo el calentamiento global, que también exige un fin: un nuevo equilibrio y una revolución profunda y duradera que lo haga posible. La armonía a la que aspiramos no puede ser clásica, pero tampoco llegará por la fuerza bruta de la tecnología, según fantaseaban los modernos. Consiste en respetar y amar la diversidad (humana y ecológica) en el nuevo territorio de la igualdad, que vamos delimitando con ayuda de los derechos humanos y la Carta de la Tierra. Para eso podría servir la educación, si se produjera en una comunidad donde se comparten aprendizajes.

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Seguidores de @exilioyregreso en Twitter (en porcentajes).

Todas las especies de educación auténtica comenzaron por ser historias de aprendizaje en medio del océano, sea como exiliados, sea como testigos, sea como ayudantes, sea como oponentes acantilados que se transforman, gracias a la educación, en puertos voluntarios. Hay que aprender a despojarse de los privilegios y a despojar a los privilegiados, por el medio menos doloroso de los que conocemos: la creación de nuevos relatos, los cuales dejan de ser mitos en cuanto se hacen realidad.

Las historias de las personas exiliadas no son mitos, sino realidades construidas contra los furores del temporal, que tampoco es un mito. Los seres exiliados de la Historia no son una carga de desgracias a punto de caer sobre un país, excepto si se los confina en campos de concentración, bajo el disfraz eufemístico de “campos de refugiados” o “centros de internamiento”, para que se sientan desgraciados. Los refugiados españoles que sufrieron la reclusión forzosa y el abandono en las playas de Argeles no fueron casualmente protagonistas de la liberación de París en 1944, contra todo pronóstico o mal fario/fátum: contra las fuerzas del Reich que arrastraron a sus compañeros a los campos de exterminio, tanto en Mauthausen cuanto en el Valle de los Caídos. Como tampoco es casual que la República de México se beneficiara por haber acogido con los brazos abiertos a más de veinte mil republicanos. Algo similar podría decirse de los sefardíes en los Países Bajos o los andalusíes en el Norte de África, entre otros muchos ejemplos.

Los demandantes de acogida solicitan ayuda para poder ayudarse a sí mismos, como pide una canción inédita de John Lennon. La capacidad práctica de un país, una región o un planeta para incluir a las personas desterradas, migrantes o exiliadas, es una garantía de futuro, que se cifra en la memoria recuperada: tanto la de sus habitantes nativos como la de sus nuevos vecinos.

Tampoco creo que sea casual el hecho de que en nuestra sociedad y en nuestro espacio-tiempo haya coincidido una corriente imparable por la recuperación de la memoria histórica de los represaliados por el franquismo, con el esfuerzo solidario por incluir a cuatro millones de inmigrantes a lo largo de una década. La educación intercultural es una herramienta afilada que sirve para cortar más de dos nudos a la vez.

3. El Barco del Exilio.

El proyecto educativo El Barco del Exilio comenzó a navegar el 1 de enero de 2013. Todos los destinos del viaje estaban en el mapa de los motivos con que se echó al mar. Pero el orden en que se han dispuesto obedece a las circunstancias del momento histórico, como puede comprobarse en esta línea del tiempo, todavía incompleta:

Después de cinco años y medio de singladura, es la primera vez que tengo la oportunidad de presentar el Barco en persona, a invitación de una red educativa: iEARN – Pangea, la rama catalana y española del International Education and Resource Network, que celebra su trigésimo aniversario.

La presentación se hará el miércoles, 5 de julio, en Badalona, durante la 1ª Conferència Mediterrània del iEARN (4-6 de julio). Reúne a personas educadoras de todas las orillas del Mare Nostrum: “Aprenent de riba a riba”.

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La causante de esta salida-de-la-cueva no es otra que Aída Beatriz Sánchez, la community manager de nuestro común Barco en Twitter, quien también es una de las coordinadoras del proyecto Atlas de la Diversidad. Ella y Margarita Guinó, responsable del equipo de coordinación del iEARN.

Aquí le dejo, por si interesa a alguien, el enlace a la presentación con Prezi.

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Espero que sea posible la participación en directo de otras personas en el encuentro que he intentado diseñar de la forma más interactiva posible, con ayuda de una encuesta en Kahoot y las redes sociales. Podrás dar tu opinión en directo, a través de Twitter, usando las notificaciones que se harán visibles aquí 

Además, también puedes contestar con este formulario:

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joaquineku

Profesor de Lengua y Literatura en la Junta de Andalucía. Investigador sobre el aprendizaje narrado (Storylearning, Storytelling). Experto en educación expandida (ABP, ABJ, medios sociales). Doctor en Literatura Comparada y colaborador de la Universidad de Sevilla en la revitalización de lenguas amenazadas.

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