Hay que incluir al exilio en el currículum (por si no nos habíamos enterado)

1. Dos siglos y medio de exilio.

1.1. “La emigración española“.

Así se llamaba a miles de personas exiliadas en la primera mitad del siglo XIX, debido al fracaso de las revoluciones en nuestro país. En la segunda mitad, muchos españoles y españolas emigraron a América por motivos económicos, aunque sería ingenuo separar estrictamente la economía de la política.

De similar manera, el exilio de medio millón de republicanos a Francia y, posteriormente, a México, Chile, Argentina, Colombia, Caribe, etc., como consecuencia de la Guerra Civil, fue seguido, dos décadas después, por la emigración masiva de millones de españoles a la Europa democrática y desarrollada, además de a países como Venezuela. Lo cierto es que en ese movimiento de población también participaron muchas familias opuestas al régimen, o bien hijas e hijos de los vencedores que no lo soportaban. Juan Goytisolo nos lo contó en la novela Señas de identidad.

Pues bien, nos ha vuelto a pasar lo mismo en los últimos diez años, desde el comienzo de la crisis económica. Muchos jóvenes han tenido que emigrar a causa de la falta o la mala calidad del empleo disponible. Lo cual no ha impedido que una parte muy importante de ellas y ellos hayan participado de los movimientos sociales y políticos que pretenden cambiar: regenerar, transformar, nuestra democracia y nuestra economía, tal como se puso de manifiesto en el 15/M de 2011 y en las organizaciones sociales y políticas que surgieron desde entonces, como la llamada “Marea granate” de la emigración. Por ejemplo, una de sus reivindicaciones básicas es que les devuelvan el derecho completo al voto (cfr. el voto rogado).

1.2. La literatura en el exilio.

La literatura española desde el siglo XVIII, como la filosofía (José Gaos, María Zambrano), las ciencias (Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina o la primera doctora en Química, Jenara Vicenta Arnal) y las demás artes (Picasso, Maruja Mallo), se ha fraguado tanto o más en la expatriación que en la patria, como resultado de una sucesiva historia de persecuciones políticas que solo terminaron con el asentamiento de la democracia, los derechos y las libertades después de 1977. Muchas personas nunca consumaron el regreso tras la muerte del dictador, en buena parte por la amarga sensación de extrañamiento y desarraigo que provocaba el olvido impuesto durante cuatro décadas a los de dentro y a los de fuera (cfr. Max Aub, La gallina ciega).

Las exiliadas y los exiliados lo fueron por distintos motivos: ilustradosjesuitasmasonesrevolucionariosafrancesadosliberalesrepublicanos de la Gloriosa, socialistas, anarquistas, vanguardistas, republicanos del 14 de abril, antifascistasantifranquistascomunistas, hippies, cantautores, feministas, gays y lesbianas, sin olvidar a catalanistasgalleguistas y vasquistas de derechas o de izquierdas.

No es exagerado afirmar que las personalidades más destacadas de las Literaturas Hispánicas Contemporáneas vivieron o conocieron la experiencia del exilio y la convirtieron en sustancia de sus obras, sea el destierro físico: Pablo de Olavide, José María Blanco White, Espronceda, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Lorca (Poeta en Nueva York), María Zambrano, Rosa Chacel y casi toda la Generación de la República; sea el exilio interior, en resistencia más o menos activa contra los regímenes corruptos y dictatoriales de los siglos XIX y XX: Larra, Antonio Machado, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, la generación del 50 o del Medio Siglo y los jóvenes contraculturales que dieron lugar a la Transición hacia la democracia, como Ana María Moix o Manuel Vázquez Montalbán.

1.3. El exilio interior.

Durante la dictadura franquista, hubo exiliados que regresaron a España, como el activista y polígrafo Joan Oliver (Pere Quart) y el poeta Jorge Guillén. Algunos lo hicieron de forma casi o totalmente clandestina, para organizar la resistencia antifranquista; de manera destacada el escritor y ensayista Jorge Semprún, superviviente del campo de exterminio de Buchenwald. Otros muchos republicanos nunca llegaron a salir del país y padecieron la represión durísima en las cárceles franquistas: además del significado Miguel Hernández (Cancionero y romancero de ausencias), quien enfermó y murió en prisión, también el dramaturgo Buero Vallejo o el poeta José Hierro. En justa medida, la llamada Generación del 50 está formada por hombres y mujeres que construyeron su vida y su literatura bajo el peso de la dictadura, con una mentalidad de resistencia: por ejemplo, los poetas Ángel González y Gloria Fuertes o las novelistas Ana María Matute y Carmen Martín Gaite. También hubo escritores de la generación del 27, como Dámaso Alonso y, sobre todo, Vicente Aleixandre, premio Nobel en 1977, que nunca llegaron a salir del país y se dedicaron a escribir o a investigar dando testimonio de lo que pudo ser y, de una u otra manera, fue.

Esa red tupida de personas y grupos distintos constituye el llamado exilio interior, que mantuvo una comunicación bastante fluida con los expatriados: p. ej. la novelista Carmen Laforet con su homólogo Ramón J. Sénder (cfr. Puedo contar contigo). Aprovechando un periodo de cierta apertura en el régimen, la revista Papeles de Son Armadans, dirigida por Camilo J. Cela y José Caballero Bonald, reivindicó la figura de Antonio Machado, publicó textos de los exiliados y organizó un homenaje a Luis Cernuda.

A pesar de las diferencias históricas, es posible encontrar otras experiencias de exilio interior en los periodos más sombríos de la Historia y la Literatura Española: Goya durante la década ominosa (1823-1833); Galdós, Emilia Pardo Bazán, Clarín o Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, durante la larguísima Restauración borbónica (1874 en adelante), tras las esperanzas frustradas en el Sexenio Democrático y la Primera República (1868-1874); Unamuno, Machado y los jovencísimos autores del 27, bajo la el poder del dictador de Primo de Rivera (1923-1930).

1.4. Los exilios latinoamericanos.

La fragilidad de las democracias en la España contemporánea se comunicó o se reprodujo en los nuevos estados nacidos de la Independencia de América, donde las literaturas hispánicas también se escribieron al otro lado de la frontera o a miles de kilómetros de distancia.

La sucesión de golpes de estado y la hipoteca militar sobre los gobiernos elegidos por sufragio fue constante durante más de un siglo en Argentina, Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia, Paraguay y los estados de Centroamérica. En la segunda mitad del siglo XX, la lucha entre la oligarquía y los sectores populares se recrudeció, si cabe, por los manejos del imperialismo norteamericano, la guerra contra el comunismo y las guerrillas de distinto signo; lo que dio al traste incluso con la trayectoria democrática que disfrutaron Chile (1932-1973) o Uruguay (1904-1973), hasta el punto que las dictaduras prevalecieron en todo el continente, salvo en México, convertido en país de refugio y acogida para la izquierda española, primero, y latinoamericana, más tarde, bajo el gobierno consolidado por la Revolución mexicana (después del presidente Lázaro Cárdenas, 1934).

Lo cual no quita que también hubiera exiliados mexicanos en distintas épocas de la dictadura del PRI (Partido Revolucionario Institucional), al menos desde 1968 (matanza de la plaza de Tlatelolco) hasta el 2001 (marcha zapatista sobre México); e incluso actualmente, bajo un régimen corrupto. Por tanto, también es posible incluir a México, de un modo u otro, entre las culturas que aspiran a refundar la nación que les dio a luz a través de su literatura.

De nuevo, el catálogo de autores y autoras que conocieron el exilio en América Latina es inabarcable. Por ejemplo, los premios Nobel: la chilena Gabriela Mistral, el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa, así como los mejores escritores y escritoras del mundo hispanohablante: Pablo Neruda (también Nobel), Julio Cortázar, César Vallejo, Claribel Alegría o Laura Restrepo.

 

2. La pulsión incluyente.

2.1. La marca de la modernidad hispánica.

No es extraño que la experiencia del exilio y la reivindicación de una patria incluyente, que fuera capaz de superar las fronteras internas entre clases, ideologías, etnias y naciones, se hayan convertido en motor, mucho más que un motivo, de la creatividad y del imaginario de las Literaturas Hispánicas en todos sus géneros.

Si el exilio y la conciencia crítica acerca de los fundamentos excluyentes del tradicionalismo y un nacionalismo nostálgico del Imperio contra los enemigos internos o externos (franceses, gitanos, catalanes y vascos, inmigrantes latinos, moros o africanos) fueran la marca (o una de las principales) de la modernidad hispánica, entonces habría que remontarse mucho tiempo atrás, pasando por momentos intermedios:

– El regeneracionismo, después del llamado desastre del 98; y el republicanismo como consecuencia de las Guerras de África. Ambas situaciones históricas repitieron el mismo patrón: coinciden en el hecho de haber utilizado las empresas militares, no solo para sostener la ilusión del Imperio perdido contra enemigos externos, sino para reprimir y ahogar la resistencia obrera, campesina o burguesa en el interior del país. He ahí el ambiente que representa la mejor obra del teatro español: Luces de bohemia, y el motivo del exilio temprano del poeta León Felipe a México. La nostalgia por el Imperio perdido y el uso de los civiles como ganado militar para el sacrificio se convirtieron en claves del golpe de estado de 1936 y la Guerra Civil, por lo que fueron elevadas a principios de la ideología nacionalcatólica durante el franquismo. Los movimientos contra las levas y el servicio militar obligatorio en España no terminaron hasta que fue abolido en 1997.

– La Guerra de la Independencia contra el Imperio napoleónico, cuyo componente fratricida fue retratado por Goya en Los desastres de la guerra. Sin embargo, es lo más parecido a una revolución que pudiera incluir a los pueblos, las etnias y las clases marginadas por el Antiguo Régimen, al menos hasta la revolución democrática de 1868 y el republicanismo de 1931. Téngase en cuenta que la mayor parte de los revolucionarios liberales que crearon la cultura de 1812, tanto la Constitución como la escasa prensa libre, se habían formado en el programa de la Ilustración y ejercieron como ilustrados, aunque los exiliados a Londres o a París dieran lugar, a su vuelta, a la cortísima década romántica (1833-43).

– La Ilustración fallida en España, en lucha pírrica contra el casticismo, a pesar de que diera frutos tan cosmopolitas como una novela educativa de viajes por el mundo: el Eusebio de Montengón; la visión crítica y descentrada de un embajador moro en las Cartas marruecas de Cadalso; una Historia de la Literatura Universal (Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, 1ª. ed. en italiano) por Juan Andrés, jesuita español expulsado a Italia; y, de acuerdo con la historiografía más reciente, toda una Escuela Universalista en la España del siglo XVIII.

Hay que anotar la persistencia de una (o varias) corriente(s) contraria(s) a la modernidad, que llegó a convertirse en monstruo durante cuarenta años de dictadura en el siglo XX: un nacionalismo romántico de corte conservador en todos los territorios peninsulares (catalánvasco), aun cuando recordemos más y mejor a los románticos liberales.

Los románticos conservadores encumbraron de nuevo la literatura y el teatro barrocos: la pureza de sangre, la honra machista, el donjuanismo y la vergüenza patriarcal contra el género femenino, padecida por las mujeres resistentes: las feministas Gertrudis Gómez de Avellaneda, Emilia Pardo Bazán o las jóvenes rebeldes “sin sombrero” de 1930. Además, el costumbrismo castizo, devoto, tradicionalista y antisemita afectó al pensamiento español y al imaginario burgués, hasta estropear con su olor rancio algunas de las Leyendas de Bécquer, una parte de la generación del 98 y algunos momentos oscuros de Pardo Bazán, rechazada y vapuleada por la Real Academia.

El paradigma de esa tendencia pseudorromántica que prolonga y elogia al Antiguo Régimen quizá sea Marcelino Menéndez y Pelayo, autor, entre otras obras eruditas, de la Historia de los heterodoxos españoles, en la que se mezclan, paradójicamente, la admiración y el desprecio hacia los disidentes del catolicismo, identificado con la esencia literaria española.

Muy otra es la tradición popular a que se refiere Antonio Machado en sus obras: los Proverbios y cantares, su teatro comercial y el Juan de Mairena. ¿No será Machado, quizá, el más auténtico de los románticos españoles, con un siglo de retraso?

2.2. Las culturas perseguidas por el Imperio.

La semilla de la inclusión y la visión más realista de las Españas exiliadas se encuentra en las primeras víctimas de la fundación en falso de una nación excluyente por los Reyes Católicos, quienes en 1492 consumaron a la vez:

– la Conquista de Granada, legitimada por un pacto de respeto a la libertad religiosa que fue, sencillamente, anulado en 1504;

– el primer viaje de “descubrimiento” y la Conquista de América;

– la expulsión de los judíos o su cristianización forzosa.

Los Siglos de Oro de nuestras Literaturas hispánicas abarcan, como ya sabéis, desde 1492, cuando se publicó la Gramática castellana del filólogo Antonio de Nebrija o de Lebrija, sevillano, hasta la muerte de Calderón de la Barca (1681), en plena decadencia del Imperio. Sin embargo, durante su transcurso ocurrieron otros hechos que profundizaron las fronteras internas entre clases, etnias y religiones, en perjuicio de quienes fueron añadidos a la lista de expulsados y de perseguidos:

– La revolución de las Alpujarras, que concluyó con la derrota de los moriscos y su primer destierro a Castilla, hasta que en 1609 se decretó su expulsión bajo amenaza de muerte del territorio peninsular. Ambas fueron resultado de una creciente presión para que los moriscos, descendientes de los musulmanes que no habían abandonado sus costumbres ni su organización social, renunciaran a ellas, o bien fueran definitivamente excluidos.

 La persecución contra la Reforma protestante en territorio del Imperio, tanto España como Europa y América. En Sevilla se formó uno de los núcleos más activos: un grupo de reformadores que promovió la primera traducción de la Biblia al castellano, la cual solo se publicaría en Basilea (Suiza), en 1569, por Casiodoro de la Reina, una vez que la mayoría de sus miembros habían sido apresados, torturados y condenados por el Santo Oficio (la Inquisición).

– Los grupos sociales que permanecieron bajo amenaza: conversos judíos y musulmanes, reformadores, gitanos, esclavos africanos, no dejaron de comunicar sus formas de vida al conjunto de la sociedad, a través de los géneros estéticos a que hemos aludido en una entrada anterior: cantos y bailes, rituales, narraciones, fiestas y dramatizaciones.

2.3. Las grandes obras de la identidad plural: los otros en el nosotros.

Pues bien, la realidad cultural, la mentalidad y el imaginario de quienes crearon las mejores obras de la literatura en castellano, catalán, gallego, estuvieron profundamente traspasadas por el encuentro entre los diferentes y por el esfuerzo de incluir la vivencia, el lenguaje y hasta el habla de esos otros que componían nuestra identidad plural.

Así puede comprobarse, entre otros ejemplos menores, en:

– El Tirant lo Blanc, que recorre e integra todas las culturas mediterráneas.

– La novela picaresca, al menos en sus versiones más realistas (Lazarillo, La pícara Justina) y menos aristocráticas (cfr. el Buscón de Quevedo).

– Las obras de Cervantes, especialmente en el Quijote, que incluye personajes y relatos de fuentes multiculturales.

– La poesía mística de Juan de la Cruz.

– Algunas obras clave del teatro español: por ejemplo, La Celestina de Francisco de Rojas o Amar después de la muerte, de Calderón de la Barca.

– La historiografía y el ensayo que se emanciparon del tradicionalismo y la mitología imperial, con una voluntad inclusiva: desde Bartolomé de las Casas y su Historia de las Indias, de la que se perdió el último tomo, antes que fuera impresa tres siglos más tarde (1874); las pocas obras respetuosas con las culturas amerindias en tiempos de la Conquista, como las del Inca Garcilaso de la Vega o Guamán Poma de Ayala; los diálogos y tratados del cristiano nuevo, hijo de conversos, el humanista valenciano Joan Lluis Vives, todos escritos en el exilio; pasando por los primeros hebraístas (Francisco Rodríguez de Castro) y arabistas (Miguel Casiri) de la Ilustración hispánica; en el siglo XIX, las Cartas desde España de José María Blanco White, los Artículos de costumbres y política de Mariano José de Larra o las primeras obras del hispanismo anglosajón, a pesar de su exotismo: Richard Ford o George Borrow; el regeneracionismo de Joaquín Costa, más objetivo y documentado que la generación del 98; el Juan de Mairena de Antonio Machado, enraizado, a la vez, en la etnología y en la filosofía dialógica; los intelectuales, mujeres y hombres de la República: María ZambranoClara CampoamorAmérico Castro o Antonio Domínguez Ortiz, entre otras y otros muchos; para concluir la nómina con los ensayos de Juan Goytisolo. Aunque nunca tuvieron que exiliarse, afortunadamente, Celia Amorós y Antonio Muñoz Molina (Sefarad) podrían representar el legado de una generación empeñada en construir la cultura democrática incluyendo, no solo las memorias de las Expañas, sino a las Españas contemporáneas.

– El cruce crítico entre la literatura y las artes de los pueblos de España y América Latina, gracias a Rosalía de Castro, Antonio Machado, Valle-Inclán, Federico García Lorca, CastelaoSalvador Espriu, las pintoras Maruja Mallo y Remedios Varo o el polígrafo judío, republicano, vanguardista, valenciano, español y mexicano Max Aub.

– La música, el baile y el canto popular, nacidos de la herencia andalusí, gitana y africana, que terminaron por germinar en el flamenco. De otro modo, también podemos gustar del encuentro entre culturas gracias a la tradición popular judía en ladino, que nos ha legado la literatura oral sefardí.

– Sin olvidar el Índice de libros prohibidos de la Inquisición, el cual, irónicamente, permitió conocer las obras de merecida lectura para o por los exiliados españoles, desde 1551 hasta 1848.

Así pues, las raíces críticas de la modernidad que se refieren a nosotras y a nosotros como últimos brotes y como aprendices de lectores no son aquellas que fundan un dogma excluyente, sino la herencia de muchas memorias y vidas que anticipaban una sociedad más justa, social y liberal con todas y todos, que haya sabido incluir todas las voces, sonidos, imágenes, colores y sabores.

3. Viaje por el exilio en obras que permanecen a través del tiempo: fueron y volvieron.

3.1. El exilio ilustrado

Cadalso, Cartas marruecas.

3.2. El exilio liberal

Blanco White, Cartas de España (Letters from Spain).

3.3. El exilio republicano

Luis Cernuda, “Un español habla de su tierra“, Las nubes (1936-1958).

Las playas, parameras
Al rubio sol durmiendo,
Los oteros, las vegas
En paz, a solas, lejos;
Los castillos, ermitas,
Cortijos y conventos,
La vida con la historia,
Tan dulces al recuerdo,
Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
De todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.
Una mano divina
Tu tierra alzó en mi cuerpo
Y allí la voz dispuso
Que hablase tu silencio.
Contigo solo estaba,
En ti sola creyendo;
Pensar tu nombre ahora
Envenena mis sueños.
Amargos son los días
De la vida, viviendo
Sólo una larga espera
A fuerza de recuerdos.
Un día, tú ya libre
De la mentira de ellos,
Me buscarás. Entonces
¿Qué ha de decir un muerto?

Rafael Alberti, “Retorno de la invariable poesía“,  Retornos de lo vivo lejano (1948-1956).

Max Aub, San Juan (1943).

3.4. El exilio catalán, gallego y vasco

Pere CaldersQuaranta-quatre contes molt breus.

Joan Oliver (Pere Quart), Vacances pagades.

Corrandes d’exili (texto, 1947). Información en Wikipedia.

Coplas de exilio (traducción).

Una nit de lluna plena
tramuntàrem la carena
lentament, sense dir re.
Si la lluna feia el ple
també el féu la nostra pena.L’estimada m’acompanya
de pell bruna i aire greu
(com una marededeu
que han trobat a la muntanya).Perquè ens perdoni la guerra,
que l’ensagna, que l’esguerra,
abans de passar la ratlla,
m’ajec i beso la terra
i l’acarono amb l’espatlla.A Catalunya deixí
el dia de ma partida
mitja vida condormida;
l’altra meitat vingué amb mi
per no deixar-me sens vida.Avui en terres de França
i demà més lluny potser,
no em moriré d’enyorança
ans d’enyorança viuré.

En ma terra del Vallès
tres turons fan una serra,
quatre pins un bosc espès,
cinc quarteres massa terra.
“Com el Vallès no hi ha res”.

Que els pins cenyeixin la cala,
l’ermita dalt del pujol;
i a la platja un tenderol
que bategui com una ala.

Una esperança desfeta,
una recança infinita.
I una pàtria tan petita
que la somio completa.

En noche de luna llena
atravesamos la sierra
lentamente, sin hablar,
La luna en su plenilunio
y nuestra pena a la par.Tez morena y aire grave
la amada que me acompaña,
cual la Virgen bronceada
que hallaron en la montaña.Para que se nos perdone
la guerra que la quebranta
me tiendo y beso mi tierra,
con el hombro la acaricio,
antes de pasar la raya.En Cataluña dejé
el día de mi partida
media vida adormecida.
Me llevé la otra mitad
para no quedar sin vida.Ahora en tierras de Francia,
luego más lejos tal vez,
no moriré de añoranza:
de añoranza viviré.

En mi  tierra del Vallès
tres cerros son una sierra,
cuatro pinos bosque espeso,
cinco sogas harta tierra.
¡No hay nada como el Vallès!.

Los pinos ciñen la cala,
una ermita en la lometa
y allá en la playa un toldillo
que parece que aletea.

¡Una esperanza perdida!
¡Gran pesar más gran dolor!
Y una patria tan pequeña
que la sueño de una vez.

Pere Quart recita “Corrandes d’exili” (1970).

Silvia Pérez Cruz y Rocío Molina, música de Lluís Llach.

Castelao (cfr. Jose A. Fraga, “Castelao, sempre en Galiza“).

Jokin Zaitegi.

Imanol.

3.5. El exilio femenino y feminista

María Zambrano, “Amo mi exilio”, Las palabras del regreso.

Clara Campoamor, “Cartas desde el exilio” (apud Neus Samblacat Miranda):

“Yo sigo aquí dedicada a múltiples tareas y siempre a la espera del «santo advenimiento» que jamás se produce y que jamás se puede ni prever a través de la lectura de diarios madrileños, que parecen de la época de los godos, con la única diferencia de que estos se avinieron a convivir con los árabes y los godos de hoy quieren estar solitos” (Lausanne 6 Abril 1959).

3.6. El exilio latinoamericano

Mario BenedettiViento del exilio.

Gabriel García Márquez: una autobiografía ficticia, escrita por Raquel de Padua, alumna de 4º Diversificación en el IES San Isidoro.

Laura Restrepo: autobiografía ficticia, a cargo de Kevin Nieto, alumno del mismo curso.

Pablo Neruda, “Exilio“.

3.7. Antologías sobre el exilio en la Literatura Universal

Revista Isla Negra, 11/413, nov. 2015.

Blog M., “Reiteraciones del exilio“, 19-6-2017.

Constantino Cavafis, “Itaca“. Versión de Lluís Llach, “Viatge a Itaca” (1975).

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