#CDigital_INTEF ¿Qué significa ciudadano digital, culto y autónomo? El #ladosocial de la pregunta

La sociedad digital es todavía demasiado selecta, pero ha creado herramientas y medios sociales para multiplicar las posibilidades de comunicación en el espacio público. La ciudadanía se puede ejercer como usuarios de las redes sociales, como creadores de contenidos en textos multimodales que se difunden por los medios sociales y como prosumidores (no presumidores) de cultura, capaces de (pro)curar a otros una parte de los ingentes caudales informativos, después de valorar dichos contenidos y comentarlos en una comunidad-red.

¿Por qué hablo de “comunidad” antes que de “sociedad-red”? ¿No he titulado y anticipado que debemos añadir “social” a los dos adjetivos de la pregunta?

La sociedad-red es global y monstruosamente grande; las comunidades de comunicación y aprendizaje en red (“comunidades de práctica”) son las moléculas que la componen, donde podemos reconocernos personalmente como átomos con identidad digital definida; donde intercambiamos emociones, negociamos, hacemos amigas y amigos. Cierto que, cuando varias moléculas se reúnen podemos cambiar el mundo, para mejor o para peor. Así pues, además de cultos y autónomos, tenemos que ser corresponsables, construir y compartir valores.

La ciudadanía digital se ha ido configurando durante la corta existencia de Internet, gracias a iniciativas locales de alcance global. Hace tiempo que superamos la fase de las mónadas cohabitantes en Geocities, almacén de páginas web que se comunicaban solamente por correo electrónico, pero dieron pie a la explosión de movimientos sociales como el ecologismo o el zapatismo. Las comunidades virtuales vivieron la adolescencia en forma de chat, donde entraban y salían electrones como en los orígenes del universo; paso previo o simultáneo a que se formaran las nebulosas gregarias de la mensajería SMS en los móviles. Crecieron y se hicieron jóvenes gracias a los foros; ganaron solidez en la especie de los portales temáticos o institucionales y se cruzaron con otras especies como las plataformas de aprendizaje, hasta dar lugar a las comunidades virtuales de aprendizaje. De todos esos antepasados un tanto frikies quedan huellas en la actualidad.

Pero el sentido que le damos hoy a la ciudadanía se ha transformado radicalmente en apenas una década, desde que se crearon los servidores de webcasting y los algoritmos de los social media (MySpace, Facebook, Twitter), que ampliaron geométricamente el alcance de las redes sociales. Por supuesto, la tecnología no serviría de nada si no existieran redes de personas con biografías que enlazar y rostros que reconocer. No es casual que Facebook se llamara así y no le pusieran al nacer Nodobook. Aburre solo pensarlo.

Al hablar de este modo seguro que os recuerdo a mi admirada Dolors Reig. Pues sí, y también a “Buena Vista Social Club”.

Buena Vista Social Club en Flickr

Junto con las redes se expandieron los movimientos sociales planetarios: el ciberactivismo y sus enemigos; las revoluciones mediterráneas (árabes y sudeuropeas), que el 15-M contribuyó a propagar por todo el mundo, gracias a la #mareagranate de jóvenes exiliados por la crisis y su encuentro con #Occupy en las calles de muchas ciudades. Podría enumerar centenares de ejemplos, pero me limito al más reciente: la red ciudadana #FlüchtlingeWillkommen en solidaridad con los miles de refugiados que ya están cruzando Europa.

Cartel-Mani-Refu1

El mejor modo de educar a ciudadanas y ciudadanos cultos, autónomos y corresponsables comienza por serlo uno mismo. En el concepto de “uno mismo”, como ser docente, incluyo la organización democrática y participativa del centro educativo, así como las estrategias para convertir el aula en un espacio compartido e inclusivo de enseñanza y aprendizaje: aprendizaje cooperativo, ABP, cambio de roles (Flipped Classroom), la atención personalizada a la diversidad de personas, sus talentos y sus múltiples competencias.

Hace tiempo que defiendo que la competencia digital de nuestros jóvenes adolece de similares carencias que su competencia comunicativa, principalmente por razones sociales. No es una mera versión desplazada de la teoría de Basil Bernstein sobre el código restringido en la educación, que fue criticada por sus consecuencias discriminatorias. Afecta a la mayoría de los adolescentes, no solo a las hijas y a los hijos de clase trabajadora; por el simple hecho de que sus redes sociales se canalizan casi exclusivamente a través de Whastapp (hoy, año 2015). A medida que se socializan usando nuevas prácticas, también se familiarizan con nuevos medios sociales y utilizan Internet como espacio de aprendizaje, a través de comunidades virtuales.

La educación formal podría facilitar y universalizar en las aulas lo que ocurre en la vida social de manera azarosa o sistemáticamente desigual. Hablamos de aprendizajes invisibles, pero también de acceso poco equitativo a los medios. El programa 1×1 en España consiguió, al menos, superar la brecha digital en gran medida, pero no fue suficiente para que se consolidara la Escuela 2.0; es decir, para cambiar la pedagogía. Los recortes han dinamitado los puentes, antes de que pasara la gente. La reducción de porcentajes en el abandono escolar no se explica, contra el sentido común, como efecto positivo de los recortes en las plantillas ni en los medios materiales, sino por la ausencia de ofertas de trabajo juvenil. Si no cambiamos el modelo de centro para garantizar la inclusión, las tendencias privatizadoras, en nombre de la tecnología, y el credencialismo, en nombre de la fluidez, acabarán minando el sistema de educación pública y universal, según alerta César Rendueles.

Recomiendo la lectura, en una línea similar, del último Newsletter de Carlos Magro en Co.labora.red (nº 66) o de las últimas entradas en colaboración de Fernando Trujillo y Miguel Rosa en sus respectivos blog.

Ahora mismo, me pregunto cómo puedo superar las dificultades que se plantean en mi centro para desarrollar la competencia comunicativo-digital (ambas son inseparables), dado que me han encargado la docencia de varios grupos sin acceso a ordenadores ni tabletas: línea no bilingüe, FP Básica. He optado por pedirles que traigan sus propios dispositivos a clase (BYOD), con permiso de sus padres. Lo hicimos el año pasado en el IES Cartima, por un acuerdo negociado en la comunidad de aprendizaje. Pero este año, en un centro más tradicional, es una fuente segura de conflictos, que intentaré resolver con la ayuda de buenos argumentos.

Espero que el curso #CDigital_INTEF me sugiera algunos.

Para terminar, mi presentación personal puede consultarse en el portafolio biográfico docente, que voy modificando según voy viviendo. ¿Fluye o huye?

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