¿Una sola lengua global? El error del evolucionismo aplicado al futuro de las lenguas

Uno de los prejuicios más poderosos en la actualidad acerca de las lenguas procede de la misma riqueza del conocimiento humano y de la tecnología.
Pocos dudan acerca del valor empírico de la teoría de la evolución, hasta el punto que se ha convertido en un paradigma extendido a todas las demás ciencias. En el ámbito de la Lingüística, el evolucionismo no es, en absoluto, una novedad. La explicación evolutiva se ha aplicado a la Historia de las Lenguas y sigue haciéndose.
Quizá el más famoso de los biólogos evolutivos dedicados al estudio del lenguaje en la actualidad sea Mark Pagel. Podemos escucharlo en diálogo con Punset o en una charla específica del TED.


Pagel comparte el punto de vista de etólogos, antropólogos (Michael Tomasello) o lingüistas (sobre todo, anglosajones) sobre el origen del lenguaje y su finalidad esencial: la cooperación.
Ahora bien, el evolucionismo puramente biológico predice que las culturas dominantes van a imponerse de forma inexorable, en aras de la cooperación humana y de acuerdo con las tendencias mecánicas de la globalización.
Solo si tomamos seriamente en consideración otros paradigmas cabe poner objeciones a una predicción tan inquietante para el futuro de las lenguas y el presente de la diversidad cultural.
¿Es una mera hipótesis o un prejuicio (sic) científico?
Se me ocurren unas cuantas ideas que lo contradicen:
1) Desde el ámbito de las ciencias (y la lingüística) cognitiva, se ha demostrado que la evolución humana dio un gran salto gracias a la “mezcla” (double scope blending, según Mark Turner y Gilles Fauconnier): la integración de símbolos distintos en espacios mentales complejos. Estamos hablando de cualquier metáfora, pero también de los rituales, los clásicos de la literatura y del arte, la comunicación con textos multimodales, las redes sociales. “Every human child is born a genius”, concluye Turner.
Por lo que respecta al contacto lingüístico y el bilingüismo o el plurilingüismo, hay un universo por explorar: la inteligencia integradora que no se limita a fusionar dos o más lenguas, sino que comprende sus diferentes perspectivas.
2) En el ámbito de los estudios sobre la “Facultad de Lenguaje“, la competencia plurilingüe permite que se desarrollen todas las capacidades o “principios” latentes en nuestra dotación genética (Gramática Universal) gracias a parámetros diversos.

Chomsky se ha convertido en el más digno defensor de la teoría de que la igualdad entre los seres humanos no ha sido ni, probablemente, será afectada por la evolución que, sin embargo, la hizo posible hace un centenar de miles de años. Lo cual no invalida las objeciones que han interpuesto otros investigadores sobre aspectos concretos de la Gramática Universal, por muy relevantes que sean para Chomsky y los chomskianos, como el principio de recursividad. No hace mucho que Daniel Everett, estudioso de la lengua piraha en la Amazonia brasileña, reabrió el debate sobre este punto (cfr. el documental The Grammar of Happiness).

Pues bien, frente a la tendencia monolingüe e instrumental a simplificar la comunicación, de nuevo nos encontramos con que la coexistencia de lenguas distintas expande la inteligencia humana. El “Marco Común Europeo de Referencia” (2001) se muestra muy esperanzado por ese horizonte; lo cual sería inconcebible (de hecho, lo es), para un profesor de lengua inglesa o española que no estuviera expuesto al contacto con otras lenguas.

3) Los estudios sobre el aprendizaje lingüístico revelan que lo radicalmente humano es la empatía y la teoría de la mente, que nos permiten ponernos en el lugar del otro y entender la alteridad: distintas emociones y perspectivas que se expresan por medio de símbolos, todavía más ricos en la comunicación oral (o digital) que en la escritura. Esto atañe no solo a la adquisición del lenguaje, la lengua materna, en la primera infancia, sino al aprendizaje a lo largo de la vida.
La competencia entre individuos y lenguas no explica la riqueza sobreabundante de la cultura; tampoco la sola cooperación instrumental, sino la relación interhumana (emotiva, simbólica, experiencial). Este último planteamiento está en la base de las redes sociales por medios digitales, más allá del whatsapp…
En suma, la preocupación por las lenguas en peligro abre nuestras mentes a la vanguardia de la investigación científica… y a la reflexión sobre la alteridad en un planeta intercultural.

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