Presagios de otra vida

EL MUNDO

Tengo la crisis tatuada en estas manos

que tiznan el papel como dos soles.

Me caen lagrimones por dos flancos

vulnerables al calor, por los dos polos

que pronto se deshacen,

más deprisa que el color

de los mutantes.

 

El olor a destruido

mundo estraga el sexo.

El puerto confundido

a un matadero

esconde una debacle

de barcos que no atracan

a nadie.

Vinieron a vivir. Hoy

los echamos

a paletadas de tierra

renaciente, gracias

a que la sembraron.

Harto de ver pasar fantasmas

devoradores de espaldas,

mientras cierran las puertas

que obreros construyeron,

tasan hasta el último recuerdo,

olvidan lo vivido contigo,

niegan haber transido humanos,

oh humanos,

no me aguanto.

Os grito a la boca este canto pulido

de las tierras que hoy se mueven,

quedamente, hacia pangea,

entre resabios de muerte,

tallos de cristal sin flores,

castos divos, dinero amorfo

y sin cuidado.

Recojo de muchas más maletas

las pruebas que dejaron

vuestros cuerpos, ojos serenos

y agotados en transportes,

aguas de todas las partes

donde aún manan

las fuentes de la vida,

donde aún mojan

entrañas extasiadas.

 

 

Cómo fue que surgieron de entre

el plomo de los tiempos,

cómo fue que hubo entrañas, mundo,

y cómo es que alumbramos

presagios de otra vida,

no son preguntas retóricas.

EL PAÍS

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